El templo de Momo

   Desde fines del siglo XIX y durante las primeras décadas del XX, el concurso oficial de agrupaciones de nuestro carnaval peregrinó por las más diversas locaciones.

   De acuerdo con lo establecido por la Comisión Municipal de Fiestas, hubo años en que el certamen tuvo lugar en teatros como el Solís, el Artigas o el Urquiza, o en hoteles como el del Prado o el Parque Hotel. Pero además, aunque hoy cueste imaginarlo, también hubo concursos en la playa, y cuando digo playa, quiero decir en la arena. En efecto, según lo relatan las crónicas de la época, tanto en Ramírez como en ‘los Pocitos’, se levantaba una plataforma de madera que no siempre era del todo segura y que en alguna ocasión llegó a provocar accidentes, como el registrado en el marco del concurso de 1909 cuando el escenario improvisado en Ramírez cedió ante el peso de la multitud.

   Luego de ese trajinar que también lo llevó a la Plaza Independencia, a la Matriz, al Cabildo, a la explanada del Teatro Solís o a la sede del Círculo de la Prensa, finalmente, a partir de los años 40, el concurso llegó al sitio que, concebido como el mayor escenario a cielo abierto con que cuenta Montevideo, terminaría convirtiéndose en uno de los ámbitos más emblemáticos de nuestro carnaval.

   El Teatro Municipal de Verano del Parque Rodó se inauguró el 15 de enero de 1944 con el propósito de fomentar la difusión masiva del ballet, la música clásica y la ópera, ofreciendo funciones gratuitas o con entradas a muy bajo costo. Sin embargo, muy tempranamente ese perfil inicial fue quedando de lado ante la creciente identificación del teatro con la presentación de conjuntos y comparsas carnavaleras y con la realización del propio concurso oficial.

   Si bien en los años 50 y 60 el certamen todavía deambulaba de un lado a otro y pasaba del Parque Rodó a escenarios tales como el Teatro Solís, el Estadio Centenario o incluso el Palacio Peñarol, hacia los 70 el Teatro de Verano ya era su baluarte más representativo. Esa realidad se afianzó aún más a partir de la concesión de sus instalaciones que el Intendente de Montevideo Oscar Rachetti otorgara a DAECPU en 1974. Desde entonces, el teatro que fue rebautizado en 1986 con el nombre de Ramón Collazo, pasó a oficiar como sede definitiva del Concurso Oficial de Agrupaciones, convirtiéndose para la gente en ‘el templo de Momo’.

 

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