Crónicas del carnaval galante I: La abuela carnavalera de China Zorrilla

Hacia 1910, nuestras clases altas –ávidas de diversiones más exclusivas- estaban a punto de desentenderse definitivamente del carnaval. En ese contexto, resulta sorprendente el entusiasmo con que Guma Del Campo de Muñoz –abuela de China Zorrila- esperaba año a año la llegada de Momo. Un Momo en versión patricia, claro está.


Muchos años más tarde, su hija Guma Muñoz Del Campo de Zorrilla de San Martín recordaba la afición de su madre por la fiesta y decía: “Mamá era una señora muy señorona como las de aquella época, pero llegaba el carnaval y el momento de empezar a preparar los carros para el corso y no pensaba en otra cosa. Estoy hablando de principios de siglo y sin embargo, eran carros con iluminación eléctrica. El Olimpo, el Trigal tirado por bueyes blancos… Cierro los ojos y la veo a mamá, con aquel aspecto de marquesa que tenía, sentada en un banquito, pintando los bazos de los bueyes de dorado… Hubo un año en que preparó el Cielo y el Averno. El Cielo era blanco, con ángeles, y el Averno, oscuro, forrado con un papel rojo intenso y lleno de diablos. El día del corso, salieron los dos del jardín de casa, rumbo a 18. Pero resulta que, a medio camino, hubo un corto circuito y El Cielo se empezó a incendiar. ¡Y los diablos tuvieron que apagar el incendio que había estallado en el cielo! Me acuerdo que mi tío Daniel (Muñoz) que era un anticlerical furibundo se reía a carcajadas y decía que los ángeles, aburridos del cielo, habían provocado el incendio a propósito para divertirse con los diablos”.


Pero en su relato, Guma también recuerda situaciones que le depararon a su madre más de un dolor de cabeza: “Todos los años llegaban de Buenos Aires las Del Campo para pasar el carnaval acá. Nos sentábamos a almorzar y mamá ya empezaba a ponerse nerviosa porque sabía que en cualquier momento estallaba el bochinche del agua. Me acuerdo que en el baño de servicio había una bañera transportable, aquellas bañeras de antes, enormes, con patitas. Un año, mis hermanos sacaron la bañera al jardín, la llenaron de agua y metieron adentro a las primas argentinas con sus vestidos paquetísimos. Y el escándalo no terminó ahí porque ellas, empapadas, entraron a la casa y ahí empezó la guerrilla de papelitos. Entonces, aquellos espejos y alfombras que eran el orgullo de mamá, quedaron tapados por una capa espesa de papelitos mojados que destiñeron… Me acuerdo que hubo que rasquetear y pintar paredes para arreglar aquel desastre”.


Años más tarde, cuando los carruajes de Guma y las guerrillas de agua habían quedado atrás, también hubo en casa de los Zorrilla un enorme baúl que se abría en cada febrero. Estaba lleno de disfraces y fue con ellos que, mientras se los probaba y ensayaba personajes junto a sus hermanas, China empezó a soñar con ser actriz.

Carro El Trigal 1907
Ideado y adornado por Guma del Campo de Muñoz, abuela materna de la actriz China Zorrilla.
Entre las ocupantes: María Emilia Muñoz Cardozo, Magdalena, Mercedes y Dinorah Muñoz Nin, Celia y Rebeca Piñeyrúa, Josefina Pou Cardozo, María Elena Pareja y Hercilia Canfield.
Archivo Flía. Zorrilla
 Disponible en la colección: http://anaforas.fic.edu.uy/jspui/handle/123456789/48503

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